miércoles, 5 de septiembre de 2012

Kyoto, día 4

Nuestro plan inicial para este día era hacer una visita a Koyasan, un lugar sagrado con muchos templos, y pasar una noche en uno de ellos.

Pero las previsiones del tiempo no eran muy buenas (anunciaban lluvias intensas) así que decidimos cancelar nuestra reserva y quedarnos un día más por Kyoto, que todavía tiene cosas que visitar.

Por ejemplo, la zona de Arashiyama. Es un barrio en el extrarradio de Kyoto, tocando el campo. Fuimos allí en tren, y una vez en la estación, alquilamos unas bicicletas para movernos por la zona.

Como todos los barrios de Kyoto, Arashiyama tiene muchos templos. Únicamente visitamos uno, el de Tenryuji, y solo sus jardines zen, no el edificio. Los jardines son especialmente bonitos en otoño, cuando las hojas tienen tonos multicolores. En septiembre, son muy bonitos también, pero hay otros jardines mejores en Kyoto, y más cerca del centro.


A la salida del templo, con las bicicletas, encontramos a estas dos chicas disfrazadas de geishas. Lo del fondo sobre dos ruedas soy yo :P:


Al norte del templo hay un famoso bosque de bambús. Visitarlo mereció la pena, fue un recorrido muy agradable con las bicicletas.


Este cartel de concienciación ciudadana nos hizo gracia. Especialmente por lo innecesario. A pesar de que en Japón apenas hay papeleras, no hay papeles en el suelo, está todo limpio. Dejar las cosas del perro por ahí debe ser impensable para esta gente.

También nos gustó la cara de tristeza, reproche e indignación que consiguieron ponerle al perro.


Dejamos las bicicletas, otro tren, y una visitilla al centro, para hacer algunos recados:


Y otra visita al Yodobashi, al lado de nuestro hostal. Si os alojáis en Kyoto y estáis mínimamente interesados en la electrónica, os recomendamos una visita.

Aquí tenéis una foto de la entrada. Fijaos en las decadentes escaleras mecánicas para subir/bajar 5 escalones.


En el sótano del Yodobashi hay un supermercado en el que venden, entre otras cosas, un sushi muy rico (puedes ver cómo lo hacen los pescaderos a través de un cristal). Se supone que a partir de las 6 les ponen "pegatinitas de descuento" a las bandejas de sushi, pero mientras nosotros estuvimos por allí no bajó nada de precio. Eso sí, vimos a muchas amas de casa "deambulando distraídamente" y esperando atentas al señor de las pegatinas, que no acababa de llegar.

Al final cogimos dos artículos "sin descuento". La bandeja que veis aquí debajo (compramos dos) salió por unos 8 euros. Con el descuento habría sido la mitad, pero qué narices, ha sido una cena deliciosa, y una estupenda manera de despedirnos de Kyoto.


Y mañana, nuestra penúltima jornada: ¡Kobe!

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